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June 4, 2022

Las claves del ascenso del Almería

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Si bien un gol en el fútbol separa el éxito o el fracaso de toda una temporada, el proceso del Almería señala demasiadas claves positivas para terminar ascendiendo a Primera División, siendo, además, campeón de la categoría de plata por primera vez en su historia. Analizando la temporada rojiblanca, se observa la regularidad del conjunto de Rubi, que ha vivido en ascenso directo hasta en 37 jornadas (sólo en las 3, 5, 6, 25 y 33 estuvo fuera del mismo). Los datos cobran mayor protagonismo comparándolos con los dos cursos anteriores, ya con Turki Al-Sheikh: 23 fechas en la 19-20, y apenas dos, en la 20-21. En cuanto el liderato, los rojiblancos lo han pisado en 19 ocasiones, por apenas seis en toda su historia hasta antes de este ejercicio.

Colocar a De la Hoz por delante de la zaga fue clave para que el Almería despegase. Rubi le dio la oportunidad la jornada 4 (victoria al Málaga, 2-0), pero lo volvió a sentar en la quinta (derrota en Ponferrada, 1-0), entrando de nuevo en la sexta (triunfo en Alcorcón, 0-4). Ya nunca más volvió a salir del once si no fue por sanción, con las excepciones de los encuentros en Valladolid y Burgos, en la recta final, para darle descanso. El movimiento del cántabro fue fundamental, ganando el equipo en equilibrio y seguridad, permitiendo además a Samu liberarse y no tener toda la responsabilidad defensiva en la medular. El ‘6’ también ofrecía soluciones tácticas en mitad del encuentro, como incrustarse entre la defensa, según la situación de partido.

Otro de los nombres propios ha sido el de Fernando, del clan de quienes pasaron de suplentes a pilares. Tras la derrota en Lezama en la quinta jornada Rubi reconoció sin tapujos que su portero titular era Fernando. Makaridze fue titular ese día (el único en todo el curso) y no tuvo su mejor actuación, destacando el técnico de Vilasar de Mar que su apuesta era el murciano, sin rotar en esa posición. El capitán no defraudó, con actuaciones prodigiosas y terminando como Zamora de la categoría en su segunda juventud, completando la mejor temporada de su carrera.

Tras un buen inicio, pero no sobresaliente, el Almería tomó velocidad de crucero y logró siete triunfos consecutivos, aventajando al tercer clasificado en una decena de puntos (jornada 17), llegando a enlazar diez encuentros sin perder. Fue el momento en el que Rubi pidió más tranquilidad y tener los pies en el suelo, consciente de que también llegaría la tempestad. Que llegó. Tras suspenderse el duelo en Lugo antes del asueto navideño, el Almería afrontó su enero negro, en el que perdió cuatro encuentros (más que en todo el curso hasta el momento), cinco contando la Copa, sacando un pírrico punto. Todo ello con una plaga de positivos por coronavirus, rozando en alguna ocasión la derrota por alineación indebida al no disponer de demasiadas fichas profesionales. Todo ello con Sadiq en la Copa de África durante buena parte de ese mes, lo que agravó el problema.

Sin embargo, los rojiblancos, plagados de suplentes y de algún que otro jugador del filial, nunca les perdían la cara a los partidos, realizando buenas actuaciones y dejando la sensación de que había un vestuario en el que todos se sentían importantes, lo que terminó siendo clave para un grupo que demostró ser una piña en los momentos más complicados. En el club no cundió el nerviosismo, sin pensar nunca en la destitución de Rubi, terminando el de Vilasar de Mar como el primer entrenador que empieza y finaliza la misma temporada con Al-Sheikh.

Tras ese enero negro, la UDA resurgió cual ave fénix y completó el mejor febrero de su historia. En esa reacción se vio la fuerza mental de un Almería al que en cursos anteriores le temblaron las piernas, desmoronándose en los momentos de mayor presión. De ahí se entiende el tramo final, el mejor que ha hecho nunca un equipo almeriense, sin perder en las últimas nueve jornadas. Pero antes de eso, esa fortaleza mental ayudó en encuentros ante rivales directos, caso de las visitas a Tenerife y Valladolid. Mención aparte merece la última, con el gol de Rodrigo Ely ‘in extremis’.

Precisamente en el ítalo-brasileño está otra de las claves. Chumi y Martos se lesionaron (también de gravedad Nieto) y el eje de la zaga del cuadro indálico quedó en cuadro, cayendo Ely de pie desde el primer momento. No sólo aportó en defensa, sino también anotando goles decisivos, como el del José Zorrilla y los que abrieron la lata en Anoeta y Butarque. También ha resultado fundamental la gestión del de los últimos minutos. Si otrora los descuentos eran tiempo de perder puntos para el Almería, en este curso ha reportado hasta cinco puntos, con el doble triunfo al Sporting y la igualada ante el Alcorcón, que terminó por ser decisiva.

En todo ello ayudó la mejoría defensiva del tramo final de temporada y la pegada en general, con Umar Sadiq al frente. Rubi ha construido un equipo campeón, con una idea de juego clara, en la que todos se siente importantes, pero siempre manteniendo una columna vertebral. La guinda, una afición que ha dado el pasado definitivo, madurando y rejuveneciéndose para crear un ambiente que nunca antes se había visto por tierras almerienses.

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